jueves, 10 de mayo de 2012

Years



A Noa... :)


Puede que hoy te haya echado mucho más en falta que otros días... Ayer pude resarcirme de un error que cometí hace años. Un error que jamás me echaste en cara y que no pusiste como excusa para poder darme otra oportunidad. Suponemos que la vida está llena de estas cosas que hay que saber perdonar. Aunque suponemos también que el orgullo de cada cual siempre acaba rigiendo este universo complejo. Afortunadamente tu nunca fuiste así. Siempre me demostraste amor por encima de cualquier error que cometiese. Por ello ahora sonrío, por haber encontrado esa persona que solo se encuentra una sola vez en la vida. Por haber encontrado un "para siempre" que pinta con colores muy verdaderos siempre sobre el lienzo de mi vida... Gracias por acompañarme siempre cariño...


Te amo...

Evan.

lunes, 30 de enero de 2012

Night Caresses

Ambos ya tenían asumido de sobra aquello de vivir lejos. Con lo que no podían convivir del todo era con eso de separarse y despedirse. Debían ir de la mano de la esperanza para poder creer que volver a juntar sus labios era sólo cosa del tiempo, y que el tiempo les haría un favor corriendo un poquito más de lo normal. Puede que ser realistas les hubiese venido mejor. Pero el mundo lo controlan los soñadores, y ellos soñaban con volver a llenar con ese amor tan sólido y veraz, camas que estaban hechas para uno; noches plagadas de confesiones sinceras entre muecas de libre y limpia felicidad. El aroma de sus cuerpos a la luz de velas con sabor a vainilla, podía embriagarles hasta el punto de hacerles caer en la más profunda ternura y abrazar un colorido abismo de tranquila placidez. ¿Quién no podría ser feliz de esa manera? ¿Quién podría quejarse aún viviendo lejos si eres capaz de sonreír junto a la persona que amas aunque solo fuese por un día al mes? Era increíble. Todo era increíble. Ahora Evan regresaba en aquel autobús hacia casa, viendo pasar una tras otra aquellas fulgurantes luces de autopista que se asemejan a grandes luciérnagas coloreando triste pero eficazmente la oscuridad. Lloraba por dentro sí: pero llorar para dentro significaba amor verdadero. Significaba echarla de menos, haber dejado atrás por un tiempo lo que más quería. Llorar para dentro significaba esperanza por volverla a ver pronto, muy pronto. Llorar por dentro significaba ser feliz. Se guardó para el viaje el recuerdo de aquellos besos eternos y tremendamente buenos cargados de buenas intenciones. Porque ella no sabía hacer las cosas de otra manera que no fuesen perfectas, bienintencionadas y llenas de amor hacia él. Sonaba Come Cover Me, aquella canción que tantos momentos había servido como banda sonora perfecta para dos corazones en plena danza magistral de sentimientos. Sonaban los latidos de un corazón que ahora sonreía porque se sentía millones de veces más querido que en cualquier momento de su pasada vida. Retumbaban en su alma los "te amo" lanzados a la oscuridad de la noche entre sábanas por aquel ángel de cabello negro y que iban dirigidos hacia él . Aquel ángel que un día se descolgó del cielo de los deseos para hacerse realidad y hacerle feliz. Aquel ángel al que muy probablemente le debía la vida, pues solo vivía por poder ver aquel rostro una sola vez más. Evan la amaba. Amaba a Noa con toda la energía que su corazón podía ofrecer. Era imposible no quererla de tal modo. Era imposible no querer tan fuerte a la persona por la que te levantas cada mañana.


Rising so high.

(...) Dos corazones no pueden perder la pasión cuando las leyes de la locura rigen sus latidos. 
Es imposible dejar de sonreír cuando recibes caricias que necesitas más que el propio respirar. 
No es raro soñar despierto si paseas de la mano de la persona que encarna el sueño de toda una vida. Benditas lágrimas de felicidad que provocas en mí, porque nadie antes ha conseguido hacerme tocar el cielo ni sentir tan adentro este buen infierno tan plácido y dulce como la miel. (...)

Sólo son unas pocas de las miles de razones que tengo para quererte por siempre...


Te amo.

Evan 877.



viernes, 23 de diciembre de 2011

Two words.

- Noa.
- Dime Evan.
- Te amo...

Sólo ambos y las sábanas de su cama sabían perfectamente del significado de aquella declaración. Nadie más podía imaginar lo lejos que podían llegar sus corazones en una sola noche. Ninguna persona se atrevería a dudar de tal complicidad, y si lo hacía, ofendería dos almas en perfecta armonía. Pero las ofensas ya no dolían. Ya nada resultaba tan espantoso como antes. Porque juntos crearon un sentimiento irrompible y lo acorazaron con pura confianza. Ninguna amenaza sería tan terrible u oscura como antes, pues ambos sabían encontrar la luz de su sendero en la mirada del otro. Ambos sabían encontrar la tranquilidad absoluta refugiándose bajo caricias y la felicidad eterna compartiendo un beso. Todo aquello les hizo fuertes. Más fuertes que sus propias vidas. Y jamás se abandonarían a la soledad, porque contaban con un amor recíproco que les alejaba de cualquier abismo sin salida y les trasladaba a un limbo perfecto. Todo aquello era inmortal. Más incluso que el propio universo.


lunes, 12 de diciembre de 2011

Hour.







Evan llevaba alrededor de tres cuartos de hora tumbado en la cama. Adoraba esas mantas nórdicas bajo las cuales podía dormir durante horas. A través de la ventana, podía observar el baile de los copos de nieve que se precipitaban desde los cielos como pedacitos de estrellas lejanas. Siempre le gustó esa comparación. Se la repetía a Noa una y otra vez, cuando deseaba que la nieve empapase todo lo artificial y curase de impurezas aquel mundo banal achicharrado por la envidia y la conspiración de gente poco honesta. Pero aquello ya daba igual. Evan sabía que había configurado un bello universo aparte con Noa, y que las habladurías y las pesadillas del día a día, cada vez iban a menos. Ahora, acompañado por la tenue luz de una lámpara de mesilla instalada al lado de una de esas camas de gran altura en las que caben dos corazones, Evan también sabía que existía un mundo fuera; un mundo que agota; un mundo que puede absorber toda la energía de una persona en un sólo día. Todavía quedaban quince minutos antes de que Noa regresase a casa del trabajo. En todos los años que habían compartido juntos, casi siempre la esperaba mientras ponía la mesa. Ella venía, cenaban entre sonrisas, contándose sus respectivos días y luego se refugiaban entre las sábanas. Entrelazados. Pero había días en los que Evan ni siquiera era capaz de esperar. Sólo guardaba las fuerzas necesarias para recibir un beso, e irse a dormir exhausto. Maldecía todos aquellos días en los que el cansancio de la vida real no le permitía disfrutar del amor que con ella compartía. Era fuerte. Pero ser fuerte también significa quebrarse de vez en cuando. Por ello sabía que Noa era la adecuada.

Mientras cavilaba, Noa entró en la habitación. Evan, absorto en sus pensamientos, no se dio cuenta hasta que ella le besó en los labios. Fue entonces cuando la miró a los ojos. Fue entonces cuando notó como el malestar de un pesado día se desvanecía y era sustituido por unas ganas de vivir a su lado y de soñar lo imposible. Fue entonces cuando comprendió que ella era capaz de hacer desaparecer, aunque fuese por una hora, todo el cansancio que mil días Evan había acumulado. Y era mérito de Noa. Hacer que cada día fuese más mágico que el anterior. Prolongar su fuerza y su ánimo de forma inocente, con un beso, con una mirada. Evan sabía que ella era la única. Volvió a fijar su mirada en aquellos ojos:

-Venga cielo, vamos a cenar...
-¿Seguro que estás bien Evan?
-Sí.
-¿Seguro? Estabas aquí tumbado y la mesa no está puesta...
-Mientras estés tú aquí, que yo esté bien es lo único que puedo asegurar al cien por cien.

Cenaron. Rieron. Se acariciaron. Se hicieron cosquillas. Apagaron las luces y fueron al dormitorio. Soñaron. Soñaron toda la noche y Evan descansó. La vida tenía la culpa del cansancio de algunos días. Noa tenía la culpa de que Evan quisiese vivir veinticuatro horas tras veinticuatro horas a su lado, con o sin el cansancio normal que debía soportar de vez en cuando un ser humano. Porque la vida es dura. Pero también es un camino de rosas si Noa sonreía.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Luciérnagas


Ahora sabes que no alumbras a lo largo de todo el camino, sino que me guías poco a poco con luz tenue que, al principio no daba calor y solo transportaba ese frío que tú y yo sabemos. 
Quizá estamos hechos para ser luciérnagas y no piratas, para vivir haciendo estrellas que iluminen las almas en las noches más oscuras, hechos para crear caminos en el cielo, a poca distancia de esos ojos que se quedan fijos en la inmensidad del universo. 
¿Te imaginas? Ser la distracción de los ojos mientras los labios se buscan tímidamente. Ser el trayecto nervioso hacia un beso, uno tras otro. Ser esa luz parpadeante que desvela cuando un pensamiento se enciende, y adormece cuando otro se apaga. Que deslumbra cuando esos pensamientos son tan intensos que casi son realidad. Todo esto para que no se queden a oscuras, para que vean que cuando ellos nos cegaron, cuando nos envolvieron en oscuridad, pudimos salir y volver a lucir.. Volver a ser la luz que titila en ojos hasta con los párpados cubriéndolos. 
Nunca conseguirán, por más que lo intenten, apagar nuestra luz, somos pequeños, pero conseguir lo que hemos conseguido ha sido algo sensacional, no dejes de soñar, sigue descubriendo que puedes iluminar a otros, entrelazar sus destinos con un simple aleteo al viento.
Impide que rompan esa magia que parece tan estúpida para otros que ni debería existir, pero que en realidad es sublime. Una magia noble y perfecta que hace a tu corazón latir con más fuerza, aumentando el brillo de esos destellos. 
Y cuando las luciérnagas no estén y quiera besarte, me las inventaré para distraer a mis ojos, acelerar mi ritmo cardíaco y... Bueno, tú ya eres mi luciérnaga, ya no tengo que inventarla. Ya no tengo más que declarar en esta guerra de impulsos, lo único que tendría que hacer es avisar a las estrellas, para que no nos confundan con ellas. Para darles envidia, porque podemos dar luz, muy juntos y sin colisionar. Y esta luz es una llama incandescente, de día y de noche.

Ahora, la luz de un radiador no da mucho más calor del que tú me das cuando estabas a mi lado, por eso sigo aquí acompañando al frío invierno en su rutina, con su niebla y sus luces escondidas. Esperando las primeras nieves para volver a besarte. Para que mi hielo se derrita en tus brazos, para descongelar esta luz que se apaga cada vez que te vas.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Six




Tras varios días, Noa tuvo que irse. Evan creía que todavía no era posible dormir junto a ella todas las noches de su vida, pero sí que era posible soñar con su cuerpo noche tras noche, deseando volver a tenerla entre sus brazos y protegerla de cualquier pesadilla que la vida pusiese por medio. Lo que sí creía con fervor, era que ella había revivido su corazón. Lo creía y lo sabía con certeza. Apenas llevaban meses juntos, pero podía jurar ante las puertas del cielo amarla por siempre y cuidarla puesta de sol tras puesta de sol. Podía jurar ante las mismas puertas del infierno matar o morir por salvar su vida. Podía jurarse a sí mismo que jamás había sido tan feliz como lo era ahora a su lado. Podía jurarlo y no mentiría. Podía jurarle a las mismísimas estrellas que ella le cuidaba como nadie y que siempre lo hizo y que siempre lo hará. Era capaz de prometerle al mismísimo Olimpo que su belleza era superior a la de cualquier ninfa, y estaría seguro de que no caería en difamaciones. Estaría seguro de que de su boca sólo emanaba verdad. Porque más real y verídico que el amor que sentía por Noa no había otra cosa en el Mundo. Para Evan, Noa eran las puertas de un cielo precioso; los bellos jardines de un árido desierto; la pulcra nieve sobre cumbres rebosantes de frío. Ese mismo frío que ambos compartían y que ambos sabían interpretar. Esa misma vida que ambos compartían, y que ambos querían continuar.

Evan.

Te amo...