Ahora sabes que no alumbras a lo largo de todo el camino, sino que me guías poco a poco con luz tenue que, al principio no daba calor y solo transportaba ese frío que tú y yo sabemos.
Quizá estamos hechos para ser luciérnagas y no piratas, para vivir haciendo estrellas que iluminen las almas en las noches más oscuras, hechos para crear caminos en el cielo, a poca distancia de esos ojos que se quedan fijos en la inmensidad del universo.
¿Te imaginas? Ser la distracción de los ojos mientras los labios se buscan tímidamente. Ser el trayecto nervioso hacia un beso, uno tras otro. Ser esa luz parpadeante que desvela cuando un pensamiento se enciende, y adormece cuando otro se apaga. Que deslumbra cuando esos pensamientos son tan intensos que casi son realidad. Todo esto para que no se queden a oscuras, para que vean que cuando ellos nos cegaron, cuando nos envolvieron en oscuridad, pudimos salir y volver a lucir.. Volver a ser la luz que titila en ojos hasta con los párpados cubriéndolos.
Nunca conseguirán, por más que lo intenten, apagar nuestra luz, somos pequeños, pero conseguir lo que hemos conseguido ha sido algo sensacional, no dejes de soñar, sigue descubriendo que puedes iluminar a otros, entrelazar sus destinos con un simple aleteo al viento.
Impide que rompan esa magia que parece tan estúpida para otros que ni debería existir, pero que en realidad es sublime. Una magia noble y perfecta que hace a tu corazón latir con más fuerza, aumentando el brillo de esos destellos.
Y cuando las luciérnagas no estén y quiera besarte, me las inventaré para distraer a mis ojos, acelerar mi ritmo cardíaco y... Bueno, tú ya eres mi luciérnaga, ya no tengo que inventarla. Ya no tengo más que declarar en esta guerra de impulsos, lo único que tendría que hacer es avisar a las estrellas, para que no nos confundan con ellas. Para darles envidia, porque podemos dar luz, muy juntos y sin colisionar. Y esta luz es una llama incandescente, de día y de noche.
Ahora, la luz de un radiador no da mucho más calor del que tú me das cuando estabas a mi lado, por eso sigo aquí acompañando al frío invierno en su rutina, con su niebla y sus luces escondidas. Esperando las primeras nieves para volver a besarte. Para que mi hielo se derrita en tus brazos, para descongelar esta luz que se apaga cada vez que te vas.